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sábado, 18 de noviembre de 2017

18 de noviembre: Volver a la caverna

Originalmente publicado en El Diario del Centro del País, página 2 de la edición 18/11/2017
 Escribe: 
Marcelo J. Silvera
@MarceloJSilvera


En la Alegoría de la Caverna, Platón describe un grupo de prisioneros que han pasado toda su vida dentro de una cueva, sin contacto con el exterior ni otros seres, atados de pies y cuellos, sin posibilidad de moverse ni girar las cabezas hacia ninguna otra dirección que no fuera la pared cavernosa frente a ellos. En esa pared se proyectaban las siluetas, al estilo del teatro de sombras chinescas, que sus carcelarios querían hacerles ver.
Esas imágenes proyectadas por el fuego al otro lado de la pared que separaba a presos de carceleros y servía de telón, eran la única verdad y realidad conocida por los habitantes de la caverna. Todas sus vidas están basadas en esas sombras.
Imaginemos esa alegoría hoy. Pongamos que la caverna es nuestra realidad y entorno. Pongamos también que los habitantes de la caverna somos los habitantes de nuestra sociedad. Y pongamos que la pared donde se proyectan las imágenes son los medios de comunicación. Esa realidad, hoy, es la única para una gran mayoría de nosotros, aquello que proyecta es nuestra única verdad. La segmentación del público definido como fidelidad a tal o cual medio, segmentó también los pensamientos. Dicho de manera aún más directa: dime que lees (o ves, u oyes) y te diré qué piensas.
En aquella alegoría platónica uno de los prisioneros es liberado, (no nos incumbe aquí si fue obligado a salir o se trató de una huida), descubre la realidad, nota que las sombras eran proyectadas por sus carceleros, sale al mundo exterior y ve un mundo inmenso y luminoso. Vuelve a la caverna para liberar a sus compañeros, pero éstos se niegan, no le creen y se aferran a su verdad de toda la vida: la caverna, la pared, las sombras. A tal punto les molesta que los quieran liberar que planean la muerte de quien les cuenta una verdad diferente a la de ellos.
Platón hablaba de Sócrates, quien fue condenado a muerte por filósofo, por cuestionar la verdad única impuesta por el poder y multiplicar el conocimiento, podría decirse que fue asesinado por volver a la caverna a intentar rescatar a sus vecinos. Eso desestabilizó al poder, lo cuestionó, puso la duda en el pueblo, y permitió el debate, que en definitiva es lo que la filosofía en este caso y el pensamiento en general hace: cuestionar.
Con este contexto creado, y volviendo a la alegoría, es fundamental volver a la caverna para alertar a quienes allí habitan que la realidad es otra, que está afuera y es visible y palpable, y que las sombras chinescas son solo entretenimientos.








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