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Palabras vertebrales, medulares, apasionadas

sábado, 16 de septiembre de 2017

16 de septiembre – #Irreversible

Caito


En el día de hoy, de tres años diferentes, quedaría registrado en los almanaques de la historia el método sistemático de violencia genocida, instaurado por las dictaduras de América Latina.
Era 1973 cuando en Chile, y tras el golpe de Estado que derrocó y acorraló hasta el suicidio al presidente socialista Salvador Allende, resonaban como un eco del infierno en el Estadio Nacional, en Santiago, las balas que acribillaron a Víctor Jara.
Antes de ser ultimado, Víctor escribió:
Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
Solo aquí
diez mil manos siembran
y hacen andar las fábricas.
¡Cuánta humanidad
con hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!

Luego le cortaron los dedos, y la lengua. Para que no toque. Para que no cante. Pero sus canciones siguen protestando y defendiendo la libertad.

Un año después, en el mismo día, en nuestro país, la muerte volvía a caer sobre los sectores populares. En Capilla del Señor, Buenos Aires, la Triple A descargaba 130 balas de 9 mm sobre Atilio López, después de secuestrarlo en la Capital Federal.
Integrante de la Resistencia Peronista, activo luchador contra las dictaduras, histórico dirigente de la Unión Tranviarios Automotor, de la CGT de los argentinos y secretario general de la combativa CGT Córdoba (aquellas que eran nacionales y populares, que bregaban por los intereses de los trabajadores y no de los buitres ni oligarcas). Atilio López lideró en 1969 junto a Agustín el Cordobazo, que provocó la caída del dictador Juan Carlos Onganía. En 1973 el voto popular lo consagró vicegobernador de la provincia, como compañero de fórmula de Ricardo Obregón Cano, aunque ambos fueron depuestos en febrero de 1974 por un  levantamiento policial apañado por el ministro de Bienestar Social, qué tupé el de ponerse tal cargo José López Rega!

Y ya atacada la cultura en Chile, y ya atacado el sindicalismo y la democracia en Córdoba; restaba la poda de los jardines de la juventud. En 1976 el general Ramón Camps ordena la llamada "Noche de los Lápices".
Las fuerzas de inseguridad social secuestran a diez estudiantes, en su mayoría militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios. Trasladados por diversos centros de detención y salvajemente torturados, cuatro podrán salir con vida, quedando a disposición del Poder Ejecutivo. Los jóvenes asesinados y desaparecidos fueron Claudio de Acha, de 16 años; Daniel Alberto Racedo, de 18, Horacio Angel Ungaro, de 17, María Clara Ciocchini, de 18 años, María Claudia Falcone y Francisco López Muntaner, ambos de 16 años. Años después, este hecho será conocido por la opinión pública gracias a las denuncias de los sobrevivientes Pablo Díaz, Emilce Moler y Gustavo Calotti.

Tantos años después, la primavera sigue floreciendo en Latinoamérica, a pesar de los inviernos y las noches negras que caen temporalmente sobre nosotros, a pesar del avance de la derecha en algunos países, siguen las cuerdas sonando en los corazones, el movimiento sindical está en pie más allá de los traidores y los lápices siguen escribiendo la historia, y siguen llenando estadios y están más en alto que nunca los dedos en V de los jóvenes que ya demostraron que puede haber altibajos pero el camino sembrado sigue floreciendo y es SU camino, aunque algunos dirigentes que se habían proclamado conductores pegaron el volantazo.

Marcelo J. Silvera





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